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DÍA DEL LIBRO 2013 – “XVI CONCURSO LITERARIO”

           En esta edición hubo una alta participación de trabajos. Felicitamos a todos por el entusiasmo y la creatividad demostrada.  Solo podía ganar uno y, aunque fue difícil la elección, se consideró que la alumna Sanaz Ganji Puya de 2º de Bachillerato era la merecedora del premio. Para disfrute de todos aquí tienen el texto ganador. 

Desesperación

            La miré y en cuanto lo hice, supe que ella era la mujer más fuerte y más valiente que jamás he conocido. Sus ojos respondieron a mi mirada, siempre sonriendo, ni siquiera en los peores momentos de su vida dejó de hacerlo. Por un instante la imaginé caminando hacia mí, con los brazos alzados igual que antaño. Esbozo una sonrisa, no quiero que se dé cuenta de lo que está pasando.

            Es tan guapa, el manto de arrugas que cubre su cara, la hace bellísimamente entrañable. Por mi cabeza pasan un millón de pensamientos, uno tras otro sin parar, no sé qué haré sin ella.

            Posada en esa cama parece vulnerable, pero siempre la vi fuerte, siempre la vi preciosa.

            No consigo la lucidez necesaria para darle la noticia. Si pudiera me cambiaría por ella sin dudarlo. Ella lo dio todo por mí y si hoy soy como soy es por ella.

            Tomo una bocanada de aliento y me decido, por fin, a contárselo, pero cómo. Su vida no ha sido nada fácil. Su historia es la más bonita contada jamás, sus hazañas han salvado vidas, su amor ha sacudido ciudades, su nombre se recuerda en toda España, sus decisiones. Por ella estoy viva.

            Comienzo a caminar, me dirijo a su cuarto pero me distraigo observando a una enfermera que me mira con lástima, seguramente sabrá lo que tengo que decirle a la mujer que ha guiado todos mis sueños.

            Este hospital es precioso, pero tiene un aire fúnebre, melancólico. Las lamentaciones mudas que chocan con las paredes una y otra vez, hacen que la piel de todo mi cuerpo se erice sin contemplaciones.  

            Ella está allí, tendida en la cama. Su pelo blanco recorre la almohada como un secreto, como destellos de luz.

            Me acerco paulatinamente y cuando estoy al lado de la cama, me mira con ojos tiernos, me observan un minuto y cuando voy a estallar en un llanto imparable, me coge la mano y continuadamente, muy despacio se incorpora y con un hilo de voz, casi imperceptible, suena: – Ya es hora de volver a casa.

            La observo y un pensamiento me atormenta, se repite en mi cabeza como un mantra, lo sabe, pero ¿cómo? Ella siempre ha sido muy perspicaz, tiene el poder, el don de saber lo que pienso con solo mirarme. No sé cómo sobreviviré sin ella, sin su voz, sin sus abrazos, sin su amor.

            Llega la doctora, tiene una sonrisa falsa pintada en la cara. Trae con ella una silla de ruedas y nos pregunta si ya estamos listas. Asiente con la cabeza y sin soltarme la mano ni un segundo, nos adentramos en el estómago del hospital. Seguimos juntas, una al lado de la otra, hasta llegar a la salida.

             Una vez en casa, tuve que enfrentarme a mis peores miedos, realmente nunca creí que decir algo fuera tan complicado. Se acercó a mí con un paso suave y lento, en ese momento me doy cuenta de lo mayor que está y un mar de recuerdos inundan mi mente. Cuando llega a mi lado, nos fundimos en un abrazo interminable. Las lágrimas corren por mis mejillas, una tras otra sin dejar de caer.

            Entrada la noche, ella duerme pacíficamente en su cama, aún no me he atrevido a decirle nada, mañana tendré que enfrentarme a ello, armarme de un valor inexistente y decírselo. Pero por esta noche seremos nosotras mismas, envueltas en nuestros sueños. Me dirijo a su cama, me tumbo a su lado y cubierta de su paz, esa que siempre la envolvió y con la que crecí. Me sumo en un sueño tan profundo, que no consigo recordar otro mejor en toda mi vida.

             El piar de los pájaros perturba mi descanso, cuando abro los ojos, la observo tendida a mi lado, dormida. Me acurruco a su lado y cuando consigo tocarla me doy cuenta de que está fría, rígida. Mi cuerpo se destempla, mis ojos de llenan de lágrimas, mis peores y mayores miedos se han cumplido, se ha ido. Me falta el aire, no consigo respirar, no puedo creerlo. Un estado de ansiedad me inunda, mi cuerpo ya no es mío, ahora pertenece a aquella negra y oscura visión de un figura con guadaña que se la ha llevado en el silencio de la noche, sin permitirme despedirme y decirle todo lo que sentía por ella.

            No consigo levantarme y reunir las fuerzas para llamar a emergencias y dar la noticia. Sé que cuando lo haga se habrá ido para siempre. No puedo pensar, no consigo organizar mi mente, no puedo pensar, no consigo soltarla, no paro de llorar, no puedo pensar.

             Han pasado unas horas y aún estoy en la postura inicial, en sus brazos como antaño. Consigo reunir las fuerzas necesarias para levantarme, voy en busca del teléfono y una vez localizado llamo e informo del suceso que ha azotado mi vida.

            Observo su cuerpo frío y pálido en una especie de urna, aquí hay personas que jamás había visto.

             Mi mente está completamente en blanco, no logro hablar solo asiento. He salido del hotel con una sonrisa maquillada, perfecta e inmutable. Desde que ella no está no he podido volver a casa.

            Cuando acabó el acto volví a mi antiguo hogar, tenía que recoger y olerla una vez más, antes de que su aroma se perdiera para siempre. Al llegar creí verla, escucharla, pero sabía que no estaba. Entré en su habitación inspirando profundamente para que su aroma me impregnara y se quedara grabado para siempre en mis recuerdos.

             Al cruzar la puerta lo vi todo ordenado y volvió a mi cabeza aquello que nunca podría olvidar.            

            Caminé hacia su cómoda en busca de su ropa, abrí el cajón y vi un libro, unas llaves y una carta.

             El libro de titulaba Mi milagro. Abrí la carta y comencé a leer: “Para mi rayo de luz. En esta noche en la que sé que no voy a despertar y puedo escucharte llorar en tu habitación, he decidido escribirte esta carta. Sin ti no habría visto el camino, el libro es para ti, eres tú, es mi milagro. En cuanto a las llaves, son todos nuestros recuerdos, es nuestra casa, quiero que la conserves y que tus hijos se críen con el amor con el que tú creciste. No estés triste mi amor, yo siempre estaré contigo. Gracias por haber sido mi compañera de viaje. A ti te dejo toda mi vida”.

             Al finalizar, descubro que ya no hay tristeza, siempre estaría conmigo. Ella era el amor más grande y más puro de toda mi vida. Ella era mi heroína, mi motivo de existir. Ella era mi madre.

Sanaz Ganji Puya, alumna de 2º de Bachillerato

 

DÍA DEL LIBRO 2013 – “V CONCURSO FOTOGRÁFICO”

Escasa participación en esta edición. Animamos al alumnado a utilizar las nuevas tecnologías con fines creativos y de animación a la lectura. El ganador de este año ha sido Alejandro Herrera Fernández de 4º A de ESO con la fotografía titulada “El tiempo no importa”.  

 El tiempo no importa - Océano

 

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